
Débil árbol, al rubor del olvido en mi época de fango,
ya mártir es mi memoria de ti, cuándo hoy
que estoy y que soy lejano, no beso el nácar
oceánico de tus pestañas, no acaricio lo onírico
de mi tristeza repentina…
Ya no estás conmigo, ya no eres
de mis brazos infinita, sin embargo yo soy un ayer
vulnerable y tu una ausencia inefable.
Débil árbol como luces desierto, ya no tienes nidos refulgentes
en tus entrañas, ni palabras ni ocasos en tus quimeras
pero que sabio fue que me dejaras torcido
con tinieblas en lugar de ojeras debajo de mis ojos,
quizás, lo bueno que ya no nos une nada
y no opte por estár alegre porque tú me volviste así…
Vacío, sin cuerpo y sin calma.
Me viene esta herida callada que me cubre
de tardes ciegas y mudas.
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